Alpa Corral

Alpa Corral
Mi cumple

viernes, 4 de febrero de 2011

Simplemente Rocío

Como sumergirme en un cuento de Borges, y divagar entre la tierra y ese ascensor que en un suspiro podría escupirme al cielo, si realmente sintiésemos como humanos, como seres capacitados y realistas, sería el mundo un racimo de orden, pabellones impecables y lustrosos, muebles abarrocados, me río, mis muecas compiten con mis palabras, mudas de por sí, silenciosas y aceleradas, siempre que garabateo el único sonido es el de mis dedos contra este teclado limpio de caries, y el de mi alma que resuena atascado entre el esternón y aquellas muelas que enjuician lo que escribo, es por eso que casi nunca digo lo que siento en el plano de la dimensión humanoide, porque de esa manera podrían entenderme, y no es eso lo que deseo lograr en estas oraciones repletas de telarañas y moscas agitadas, sus pulsos me confunden y mis uñas sin uñas intentan desterrarlas de la agonía, seguramente como no podrán, suplicarán a mis manos y a mi mente que vallan por el raid y las empape con el dulce veneno que acabará con el calvario, pero sabré yo cuanto tardara en hacer efecto, pues no, entonces dudare. Suelo ser exacta en mis emociones, pocas veces siento que las mariposas vuelan lejos, es decir, la libertad y mi entendimiento de bellos barnices suelen estar siempre sobre mis decisiones, sobre mis ganas y desganas, aunque parezca simpática y sobresaliente, sepan que soy más que eso, y que lo más audaz de mi persona son estas naves verdes que me dirigen y detienen en el punto justo de satisfacción, en los ocasos pintados al oleo, en esa hermosa e infinita luna blanca que me guía y desorbita, desde niña mi mayor apreciación, de los mates sin bombillas, ya que prefiero solo el agua y sin hervor, de los largos atardeceres de mi niñez bajo el damasco que me regalo mi abuelo, bajo su abstracta sombra que me vestía mientras sostenía un cuaderno cuadriculado, una lapicera con dientes afilados, y un ligero ardor que me dictaba las palabras, que me acechaba y me nutría, así era en mi niñez, solitaria y rara, quizá adulta para mi cuerpo, tal vez desentendida de las extensiones de este mundo cítrico que nos consume y hace que en los lagrimales crezcan cascadas de agua cristalina, pura que enriquece la piel que me continua, pero amarga porque endurece el corazón que resguardo bajo llave con candado para quien merezca un mordisco del dulce manjar estacionado, cuando me detengo en mis ojos y me pongo frente a un inmortal espejo, veo mis marcas, tengo distintos tonos de verde, y dibujos que forman flores, me apasiona observarlos, seguramente muchos tengan esos dibujos, pero yo disfruto de la velada, de la inmensidad con la que cargan, tengo un alma viejo, y un cuerpo joven, debo de haber andado en varios puertos, debo de haber recorrido el mundo con mis naves, también tengo la sensación de conocer muchos lugares a los cuales jamás he ido, y mi tranquilidad me sorprende, es como si no necesitara, es como si viviese en paz, y eso es precioso, si me dan a elegir elijo un compañero humano y uno canino, elijo hijos, salud, y magia, si me dan a elegir elijo un mundo en donde todos tengan lo que yo deseo, cuando escribo pienso más de lo que anoto, se pelean mis palabras, respiran bajo mi pecho, y los peces de colores de tus botas, brotan y se reproducen, nadie podrá herirlos, porque siempre seré la curadora de tus canciones, y estarán conmigo hasta que no pueda seguir acarreando mis piernas y mi espíritu vuele hasta aquel cielo pintado por Dalí.

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